jueves, 23 de enero de 2014

Comidas de mi infancia #EscenariosTec #UVM #UVMReynosa #SlowFood

Una de las cosas que más recuerdo en mis viajes por el país, que en distintas épocas o circunstancias -sea por vacaciones o trabajo-, he podido realizar, es la variedad de comida, sobre todo la típica y más allá de ella, la preparada al estilo casero.

Cuando niño tuve oportunidad de viajar frecuentemente hacia el estado de Jalisco, y recuerdo de un modo organoléptico, las esencias, los sabores, los colores, los olores y la textura de los alimentos, mismos que como otras tradiciones, se van diluyendo con el paso del tiempo.

Sea por el progreso, la poca disponibilidad de tiempo, el no saber cocinar, el no conseguir los ingredientes, el surgimiento de las comidas instantáneas o el de las plantas genéticamente modificadas, el sabor, textura, olor y color de la comida, me parece distinto. No quiero pensar que es pura percepción mía, pero en esta vorágine de la sociedad de consumo, que requiere por un lado mayor tiempo de dedicación al trabajo y por otro, crecimientos económicos de dos dígitos con reducción de costos, me da la impresión -no sé si se comparta- de que la comida no es la misma.

Algo tan simple como el pan blanco tipo baguette, francés o virote, era un pan con una corteza un poco más gruesa que la actual y no se pulverizaba llenándonos de migajas.

¿Qué decir de la sopa de pasta? Me encantaba con tomate natural, no con el consomé de pollo y tomate cubicado.

En tiempos donde la matrícula en escuelas de gastronomía se multiplica, hemos empezado a alimentarnos con versiones adaptadas de lo que comíamos  y con híbridos importados de otras latitudes. En teoría hay más cocineros, en mi percepción, hay menos gente que sabe cocinar, que es capaz de cocinar nuestros platillos tradicionales sin mezclarlos con otras especies pertenecientes a otras culturas culinarias.

El intercambio cultural no es malo, la transculturación homeginizante quizá si  lo sea. Era lindo ir a Dolores Hidalgo y comer nieve de cilantro o de mole, ir a Jalisco y comer birria, ir a Toluca y tomarse unos moscos(licor), ir a Puebla y comerse unos chiles en nogada, estar en los pueblos cercanos a Monterrey y comerse un asado de puerco.  

El surgimiento de la fast food, las cadenas de restaurantes y la comunicación inmediata nos ha robado un poco de nuestras tradiciones, en aras de las economías de escala se homogenizan hábitos alimenticios, y se deja de lado el arte del bien cocinar y del buen comer.

En 1989 surge el movimiento Slow Food (comida lenta), como una respuesta a los embates de la comida rápida, buscando evitar la desaparición de las tradiciones culinarias y combatir la falta de interés por la nutrición. Creo que una parte importante de nosotros estará de acuerdo que comer despacio, es, además de las recomendaciones del estilo de vida saludable, un coadyuvante para el control de peso.

Creo que debemos hacer una pequeña pausa y dentro de la vorágine de esta sociedad nuestra, tomar algo de tiempo para nosotros. ¿De qué sirve reducir tiempos y optimizar labores mediante el uso de la computadora si no tenemos tiempo para vivir la vida?

Es una pregunta muy importante que hay que plantearnos.

 

 

 

 

 

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